«Trabajamos la inteligencia emocional» aparece en el folleto de casi todas las escuelas. Lo que casi nunca se explica es cómo se ve eso un martes a las diez de la mañana, cuando dos niños quieren el mismo camión.
Qué es, en una frase
La capacidad de identificar, comprender, expresar y gestionar adecuadamente las emociones, propias y ajenas. En preescolar se trabaja sobre todo la primera mitad: identificar y expresar. Gestionar viene después.
El orden importa
- Reconocer que algo está pasando en el cuerpo.
- Ponerle nombre: enojo, miedo, tristeza, vergüenza, alegría.
- Expresarlo de una forma que no lastime.
- Entender que el otro también siente cosas.
Saltarse el segundo paso es lo que convierte la emoción en conducta. Un niño que no tiene la palabra «frustrado» tiene, en su lugar, un manotazo.

Cómo se ve en la práctica
Cuando hay un conflicto, la maestra no empieza por el regaño ni por el «pide perdón». Empieza por nombrar: «estás enojado porque querías el camión». El niño se detiene, porque alguien acaba de describir exactamente lo que le pasa. Desde ahí sí se puede hablar de turnos.
Un niño que puede decir «estoy enojado» pega menos. Eso, repetido doscientas veces al año, cambia el clima de todo el salón.
Estrella de la Semana
Es la actividad más querida del programa. Cada semana un niño comparte con sus compañeros quiénes forman su familia, qué le gusta y quiénes son sus amigos. Sirve para que reconozca sus cualidades, se sienta valorado y único, aprenda a respetar similitudes y diferencias, y fortalezca su sentido de pertenencia al grupo.
También sirve para otra cosa menos obvia: el resto del grupo escucha durante una semana la vida de un compañero, y es difícil molestar a alguien de quien sabes que le da miedo la oscuridad.
Qué pueden hacer las familias
- Nombrar también en casa: «te frustró que no te saliera».
- No apurar la emoción: «ya, no pasa nada» la corta, no la resuelve.
- Dejar que vea emociones en los adultos, dichas con palabras.
- Preguntar «¿cómo te sentiste?» en vez de «¿qué hiciste?».
- Leer cuentos donde los personajes sienten cosas y hablarlo.
En Reguilete el programa lo dirigen las dos fundadoras, psicólogas clínicas y psicoterapeutas de niños y adolescentes. Por eso incluye también orientación a madres y padres de familia: la mitad del trabajo emocional ocurre en casa.

